Las declaraciones del representante de Estados Unidos en Chile exigen una respuesta clara. Cuando un embajador advierte o condiciona asuntos propios de la jurisdicción nacional, se aparta de la prudencia diplomática. Chile no puede aceptar presiones, abiertas o encubiertas, de ninguna potencia. La amistad entre Estados se basa en el respeto mutuo, no en amenazas, tutelas ni demostraciones de fuerza. Para Chile, el asunto de fondo es inequívoco. En poco tiempo, Estados Unidos anunció un aumento de aranceles, promovió un acercamiento económico y militar con Argentina y generó dudas sobre su postura ante el conflicto entre ese país y el Reino Unido. A esto se añadieron declaraciones de autoridades argentinas que cuestionaron la soberanía chilena sobre el estrecho de Magallanes. En este contexto, los dichos del embajador Brandon Judd son especialmente graves: ninguna autoridad extranjera puede insinuar que la soberanía de Chile sobre el estrecho dependa del amparo, la autorización o la protección de Estados Unidos. La respuesta de Chile debe ser institucional, transversal y categórica. El Gobierno, el Congreso y todos los sectores políticos deben rechazar cualquier interpretación que relativice nuestros derechos soberanos. No corresponde atenuar los dichos del embajador ni buscar fórmulas que los hagan aceptables. El estrecho de Magallanes es chileno por derecho, historia y ejercicio efectivo de soberanía; no es una moneda de cambio ni un territorio sujeto al beneplácito de una potencia extranjera. Confío en la firmeza del Estado y en la capacidad de nuestras Fuerzas Armadas para cumplir su deber constitucional. Ante una amenaza de esta magnitud, Chile debe expresarse con una sola voz: nuestra soberanía no se negocia, no se condiciona ni se subordina. Nobleza obliga: considero coherente y honesta la defensa planteada por el senador Karim Bianchi Retamales, quien reaccionó de manera oportuna. Su postura es destacable y debiera impulsar a otros a pronunciarse en el mismo sentido. También valoro la claridad del canciller Pérez Mackena, quien señaló que el Gobierno evalúa qué medida adoptar frente a estas declaraciones; me parece una respuesta adecuada. Era previsible que el señor Judd afirmará que sus palabras fueron malinterpretadas o sacadas de contexto. Sin embargo, ha contribuido de forma reiterada a tensionar el ambiente, lo que parece responder a la estrategia del Gobierno de Trumph. Su visión colonial parece ignorar que las duras experiencias de Chile nos han enseñado a reconocer las intervenciones externas que históricamente han afectado al país y que, como se observa en otras naciones, aún intentan repetirse. La situación es más compleja de lo que quisiéramos. Aunque estas acciones calculadas parecen vinculadas a las elecciones parciales de Estados Unidos en noviembre, Chile no debe participar en el juego del gato y el ratón que ese país mantiene con varias naciones latinoamericanas. También llama la atención que, mientras el Gobierno del presidente Kast enfrenta dificultades presupuestarias reflejadas en las encuestas de opinión, estas declaraciones desvíen el debate de los asuntos de fondo y obliguen a responder con firmeza a los exabruptos del embajador. Ahora surgen ofertas para resolver el problema arancelario, junto con medidas de presión destinadas a estrechar vínculos. El intercambio comercial con Estados Unidos es importante, pero no puede quedar subordinado al padrinazgo ni a las directrices de un país extranjero. Cabe esperar que los “patriotas” encargados de representar a Chile sitúen estos hechos en la perspectiva correcta.
Por Miguel Sierpe Gallardo, columnista.
