Hace un tiempo advertíamos sobre la levedad del gabinete regional. Hablábamos de una presencia espectral, de autoridades que habitaban en un mutismo cómodo y esquivo. Sin embargo, el paso del tiempo y el avance de los meses han demostrado algo aún más inquietante: la invisibilidad no era el peor escenario.
Lo verdaderamente complejo comienza cuando rompen el silencio. Porque cada vez que una autoridad sectorial aparece frente a los micrófonos, en lugar de entregar certidumbre, dirección o sosiego, lo que se genera es desorientación, vacilaciones y contradicciones patentes.
A siete meses de asumir las funciones ejecutivas a nivel local, la evaluación deja de ser tibia para volverse derechamente crítica. Salvo honrosas excepciones, gran parte del equipo ministerial en la zona ha demostrado que más que un engranaje de avance, se ha transformado en una verdadera piedra en el zapato.
Las vocerías no alineadas, las visiones contrapuestas y la ausencia de un eje transversal exponen una desprolija falta de coordinación y de conducción política.
El más reciente episodio lo protagoniza el seremi de Gobierno, Ángel Roa. Al abordar materias tan sensibles como el fin del programa «Yo Elijo Mi PC» o la postergación de la reposición del puente O’Higgins, sus declaraciones terminaron por abrir un nuevo flanco de descoordinación institucional. Mientras desde el propio Gabinete o el MOP se planteaban diálogos y priorizaciones avanzadas con el municipio y el Gobierno Regional para adelantar la infraestructura, la vocería oficial optaba por desentenderse amparándose en la coyuntura del empleo o cuestionando la utilidad técnica de programas educativos. ¿Quién lleva la voz cantante? ¿Quién fija la ruta? ¿La Delegación, la Vocería o cada Seremi según su propia agenda?
Esta cacofonía no hace más que transparentar dos carencias estructurales. La primera, una evidente falta de talento político-comunicacional para comprender que la gestión pública no soporta improvisaciones mediáticas. La segunda, algo aún más grave: la falta de honestidad política e intelectual al pretender camuflar o distorsionar las realidades presupuestarias y los verdaderos impactos sectoriales para la Región de Magallanes.
Pareciera que lo que hay dentro del gabinete es un verdadero desorden comunicacional. La estrategia de atrincherarse o salir a "goteo" a un par de medios amigos no corrige el rumbo, solo acrecienta la sensación de extravío.
Y en política, el capital más costoso de perder es la credibilidad.
Cuando los tropiezos son diarios, la imagen institucional termina por desmoronarse irremediablemente.
Si no se aplican giros drásticos y un ajuste urgente en las piezas del gabinete, la ciudadanía seguirá con la amarga certeza de que cada aparición pública de una autoridad no es un acto de rendición de cuentas o de claridad, sino el anuncio inminente de un nuevo tropiezo.
Por Mauricio Vidal Guerra, periodista, director de Zonazero.
