En Magallanes nos hemos ido acostumbrando a un espectáculo tan triste como recurrente... Autoridades locales que aparecen en pauta para hacer relaciones públicas, dicen la primera frase que se les viene a la cabeza, meten la pata, salen a rectificar y, cuando la prensa aprieta con preguntas de fondo, enmudecen o simplemente niegan lo que dijeron en un micrófono.

Esta insólita incontinencia verbal, seguida inmediatamente de un silencio acomodaticio, no representa un tropiezo mediático aislado, si no todo lo contrario. Es el síntoma visible de un mal mucho más profundo como la falta de preparación técnica, el escaso talento y la improvisación de varios de los actuales secretarios regionales ministeriales. El criterio para llenar las reparticiones gubernamentales en nuestra zona parece haber cambiado la idoneidad y el conocimiento del territorio por el timbre del partido, la lealtad de militancia y el cumplimiento de cuotas de poder, dejando como resultado a personas sin trayectoria ni dominio del área que encabezan administrando materias de alta responsabilidad pública.

Cuando una autoridad no domina el tema que administra, la gestión se transforma en pura pirotecnia comunicacional. Vemos a seremis extremadamente diligentes para inaugurar un corte de cinta, sacarse la foto y subir el contenido a sus redes sociales, pero absolutamente incapaces de sostener un debate técnico de verdad. Es más, hay seremis tan desconectados que ven a la región como un Ferrari y luego de hablar desde su pequeña realidad nuevamente apuntan a la prensa buscando culpables o responsables de sus propios mensajes.

Llenan la prensa con anuncios rimbombantes sobre proyectos no priorizados o promesas sin respaldo presupuestario y, tras el inevitable desmentido desde los propios servicios o desde Santiago, deben salir a aclarar sus dichos afirmando que se les malinterpretó. Incluso hay deshonestidad no solo en el relato (como que Magallanes es la región más privilegiada de Chile con el presupuesto 2027), si no que en el simple hecho de haber aceptado un cargo que ellos mismos están demostrando que les quedó grande.

Peor aún, cuando surgen las dudas legítimas de la ciudadanía sobre temas críticos como el estancamiento de la inversión, las dudas en las licitaciones fronterizas o los recortes presupuestarios, el micrófono se apaga y el designado desaparece en una opacidad insostenible, o simplemente dice cosas para quedar bien con su ministerio y no correr riesgos innecesarios...

Lo verdaderamente grave no es solo la falta de prolijidad o el desconocimiento técnico de una materia en particular. Lo dramático para la región es la actitud política que adoptan estas autoridades frente al nivel central, pues en lugar de actuar como los defensores de Magallanes ante Santiago, operan como meros receptores y ejecutores de órdenes centralistas e ideológicas dictadas desde un escritorio en la capital.

Su principal objetivo no parece ser empujar las grandes obras de desarrollo que la zona austral necesita con urgencia, sino cuidar el puesto, aguantar en el cargo el mayor tiempo posible y no desalinearse un milímetro del libreto nacional, aunque eso signifique validar perjuicios directos para la gente de nuestra tierra. Si desde el nivel central se decide recortar fondos, recortar licitaciones o dilatar proyectos clave, la autoridad de turno no protesta, sino que agacha la cabeza y busca la forma de maquillar la decisión.

No tenemos verdaderas autoridades regionales en varias carteras, sino delegados ideológicos encargados de amortiguar las malas noticias del gobierno central. Y mientras las seremías se convierten en agencias de relaciones públicas para militantes en práctica, los grandes temas de Magallanes como la conectividad, el impulso al empleo, la salud pública y el resguardo de nuestro patrimonio territorial siguen durmiendo el sueño de los justos.

Aprender a guardar silencio cuando no se domina un tema sería un avance mínimo, pero lo que la región exige de fondo son autoridades preparadas, con peso técnico, coraje y la camiseta de Magallanes bien puesta, dispuestas a defender esta tierra extrema antes que a la doctrina de su partido o la comodidad de su sillón. Mientras eso no ocurra, Magallanes y su gente seguirán perdiendo, todos los días, un poquito más.

Por Mauricio Vidal Guerra, periodista, director de Zonazero.