En el ajedrez geopolítico del Cono Sur, la calma en la superficie suele esconder fuertes corrientes subterráneas. Por estas horas, el ministro de Defensa argentino, Carlos Presti, ha vuelto a agitar las aguas del extremo austral al hacer pública, sin rodeos, la estrategia estratégica y económica del gobierno trasandino: competir directamente contra Punta Arenas por el control y la atención de las operaciones internacionales hacia la Antártida.
A través de declaraciones concedidas a la cadena bonaerense A24, la autoridad trasandina detalló los avances del plan impulsado por la administración de Javier Milei para convertir la Base Antártica Petrel en un "polo logístico multimodal". El objetivo de Buenos Aires no es menor, y apunta a transformar esta posición estratégica en la puerta de entrada definitiva y permanente hacia el continente blanco, disputándole a Chile un negocio geopolítico y económico que Punta Arenas ha dominado históricamente.
«Hay entre 25 y 30 países que despliegan todas sus campañas antárticas desde el hermano país de Chile, desde Punta Arenas. Argentina está dejando pasar esa oportunidad», argumentó Presti, marcando una hoja de ruta con tintes pragmáticos e infraestructura militar.
El plan argentino contempla ofrecer a las distintas naciones extranjeras una cartera completa de servicios navales y logísticos que hoy capturan los puertos magallánicos: abastecimiento de combustible, racionamiento, pertrechos, asistencia técnica e incluso turismo antártico. Para la Casa Rosada, la Antártida ya no es solo una pretensión de soberanía territorial o de presencia científica; es un nodo de servicios globales que promete divisas frescas e influencia en el Tratado Antártico.
II. Mareas de desconfianza y diplomacia en tensión
El anuncio de Presti se produce en un clima de particular sensibilidad diplomática a ambos lados de los Andes. Apenas semanas antes, unas polémicas declaraciones del jefe de la Fuerza Aérea Argentina, el brigadier Gustavo Valverde, reabrieron brechas al aludir a supuestas indefiniciones en la soberanía del Estrecho de Magallanes —un hito saldado formalmente en el Tratado de Paz y Amistad de 1984-.
Aunque el propio Presti intentó rebajar la tensión calificando el episodio de "confusión y desprolijidad" producto de una intervención en un programa de streaming, en los pasillos de la Cancillería chilena y en la Región de Magallanes el tono no ha pasado desapercibido. La aparente serenidad con que el ministro trasandino asegura que sus pares militares chilenos "lo han tomado como algo no tan importante", contrasta con la preocupación latente en el parlamento y en los mandos navales locales, donde se sigue con lupa cada movimiento en la Patagonia.
A ello se suma la tensión por el control de las vías marítimas. Consultado sobre si el despliegue hacia la Base Petrel requeriría autorizaciones de paso por aguas bajo jurisdicción chilena, el ministro argentino fue categórico:
«No es verdad. La ubicación estratégica de Ushuaia nos permite desplazarnos por el Atlántico Sur, en nuestro mar soberano, y desplazarnos hacia el continente antártico sin ningún tipo de inconvenientes».
No obstante, Presti insistió en rescatar los mecanismos de cooperación bilateral existentes, recordando el valor de las Patrullas Antárticas Navales Combinadas (PANC) y los ejercicios militares conjuntos que ejecutan la Armada de Chile y la Marina de Guerra Argentina en las tormentosas aguas del Paso Drake.
III. El desafío estratégico para Chile
La apuesta de Buenos Aires plantea una interrogante ineludible para el Estado chileno: ¿Está Punta Arenas preparada para defender su hegemonía lógica en el austro?
Durante décadas, la capital regional de Magallanes se erigió de manera natural como la "capital antártica del mundo", ofreciendo infraestructura aeroportuaria, astilleros, red hotelera y enlaces marítimos directos. Sin embargo, analistas en Defensa advierten que la falta de inversiones de largo plazo, el estancamiento en la modernización de los muelles portuarios y la lentitud en la construcción de infraestructura antártica de vanguardia podrían dejar a Chile expuesto ante el agresivo despliegue argentino.
El contrapunto geopolítico ya está instalado:
- El plan de Argentina: Apalancar Ushuaia y la Base Petrel con un polo multimodal que conecte rutas aéreas y marítimas para la proyección militar y comercial directa hacia el polo sur.
- La posición de Chile: Confiar en la tradición diplomática, la red de convenios vigentes y la consolidación de Punta Arenas y Puerto Williams como los centros científicos y logísticos por excelencia.
La batalla por la supremacía logística en la Antártida dejó de ser una hipótesis militar para convertirse en una realidad económica y estratégica sobre el mapa austral. En las gélidas aguas donde se cruzan el Atlántico y el Pacífico, Chile y Argentina vuelven a medirse; esta vez, no por fronteras terrestres, sino por la llave de entrada al continente del futuro.
