"Latinoamérica es un lugar al sur de Estados Unidos" es la frase de Los Prisioneros que plasmó una verdad incómoda que muchos prefieren obviar, que Sudamérica ha sido tratada históricamente como el patio trasero de EEUU. Hoy, cuarenta años después, esa idea resuena con fuerza cuando el ministro de Defensa Fernando Barros declara que "Chile no es el patio trasero de ningún país". La ironía es que, mientras el gobierno rechaza retóricamente esa condición, sus acciones pavimentan el camino hacia una alineación con Estados Unidos, que contradice cinco décadas de tradición diplomática chilena.
La Doctrina Monroe, enunciada en 1823, estableció que América era zona de influencia exclusiva de Estados Unidos y que cualquier intervención europea sería vista como una agresión. En la práctica, esa doctrina justificó más de un siglo de intervenciones militares, golpes de Estado y gobiernos subordinados a EEUU. Trump ha revitalizado esa visión con una versión actualizada llamada la "Coalición de las Américas", un esquema de seguridad que exige a los países latinoamericanos alinearse con EEUU en el combate al narcotráfico, la contención de China y el abandono de organismos multilaterales como la Corte Penal Internacional. En este contexto, Kast, el nacionalista republicano, concurre a “besar el anillo”.
Las presiones de EEUU son concretas. En julio de 2026, Estados Unidos impuso un arancel del 12,5% a 40% de las exportaciones chilenas, justificando la medida en una supuesta falta de acción contra el trabajo forzoso. En agosto, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, exigió a Chile aumentar su gasto militar de 2% a 3,5-5% del PIB, adquirir armamento estadounidense y participar en operativos conjuntos. Simultáneamente, EEUU presionó para que Chile abandone la Corte Penal Internacional, calificándola como una "amenaza" a la soberanía. Estas no son sugerencias, se presentan como exigencias que condicionan la relación bilateral.
En este contexto, la política exterior de Kast ha sido ambivalente. Por un lado, el gobierno rechazó el arancel, defendió el Tratado de Libre Comercio y ratificó la membresía en la Corte Penal Internacional. Además, el ministro Barros declaró que Chile determina su gasto en defensa según "capacidades y prioridades nacionales", no por presiones externas. Sin embargo, por otro lado, acciones concretas del gobierno pavimentan el camino hacia la alineación: la participación de Kast en la cumbre "Escudo de las Américas" de Trump, la definición de Estados Unidos como "socio estratégico más importante" por parte del canciller Pérez Mackenna, y sobre todo la salida del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) tras 55 años de membresía.
Esta última decisión es particularmente decidora. El MNOAL, creado en 1961 en el contexto de la Guerra Fría, permitió a países como Chile mantener su autonomía frente a las grandes potencias, dialogar con múltiples actores y no subordinar sus relaciones internacionales a las presiones de EEUU o Rusia. La Cancillería justificó la salida argumentando que la organización "no responde a los nuevos desafíos" globales. Sin embargo, el MNOAL reúne a 120 países (dos tercios de la ONU), ofreciendo contactos, conversación política y apoyos multilaterales. Chile pierde ese espacio justo cuando necesita respaldo para la candidatura de Valparaíso como sede de la Secretaría del Tratado de Alta Mar, donde el movimiento había respaldado por unanimidad la propuesta chilena.
El riesgo de alinearse con Estados Unidos tiene múltiples dimensiones. En primer lugar, está el riesgo económico ya que China es por lejos nuestro principal destino de las exportaciones nacionales (cobre, litio, frutas, salmón), y cualquier señal de alineamiento con EEUU es sin duda vista como un distanciamiento. En este sentido, Kast arriesga aún más el actual panorama económico, que ha caído en recesión en su gestión de gobierno. En segundo lugar, al salirse del MNOAL, Chile pierde capacidad de entendimiento en foros multilaterales y queda expuesto a las exigencias de EEU, que ha demostrado ser impredecible, ya que ni la cercanía ideológica de Kast con Trump protege a Chile. Prueba de ello es el arancel del 12,5%.
En tercer lugar, está el riesgo estratégico. La administración Trump ha demostrado que castiga incluso a sus aliados ideológicos cuando no obtiene lo que quiere. Kast por ideología o subordinación patronal en forma "ingenua" ha esperado beneficios concretos al alinearse, pero ha recibido sólo desprecio. El resultado es un riesgo para nuestra soberanía ya que queda subordinada a las exigencias de EEUU sin obtener garantías de reciprocidad.
La alternativa está en mantener la tradición de autonomía que ha caracterizado la política exterior chilena. Esto implica reincorporarse al MNOAL o construir alternativas que permitan dialogar con países en desarrollo y mantener autonomía frente a las grandes potencias; mantener relaciones plenas con todos los actores (Estados Unidos, China, Europa, América Latina) sin subordinar nuestra inserción internacional frente a una gran potencia; y, priorizar intereses económicos de la nación por sobre la ideología del gobierno de turno.
Chile no es ni debe ser el patio trasero de ningún país. La política exterior debe servir a los intereses nacionales, no a las ideologías de gobiernos extranjeros. Recuperar la autonomía, el equilibrio y el multilateralismo no es una opción, muy por el contrario, es una necesidad para proteger la soberanía, la economía y el futuro del país. La frase de Los Prisioneros sigue vigente, pero depende de Chile decidir si quiere seguir siendo un lugar al sur de Estados Unidos o recuperar su lugar en el mundo.
Por Juan Marcos Henríquez, columnista.
