En conversaciones con amigos, en los cafés y en la calle, hemos comprendido que tanto, sectores de la izquierda como de la derecha quieren patentar esta fecha como propia. La izquierda refiere al 4 de septiembre de 1970 como el día de la victoria de Salvador Allende en las elecciones presidenciales de ese año, llamada también, el día de la victoria. Al revés, la derecha busca perpetuar el triunfo del rechazo, en la histórica jornada del 4 de septiembre de 2022.

A nuestro entender, el 4 de septiembre es una fecha de profunda connotación nacional, con varios hitos históricos que vale la pena recordar. Para empezar, el 4 de septiembre de 1811, José Miguel Carrera dio un golpe de Estado, clausurando el Congreso, inaugurado dos meses antes, un 4 de julio. Ya veremos por qué estas dos fechas son tan importantes. Quién iba imaginar en aquel momento, que el mismo Carrera, iba a terminar sus días fusilado en Mendoza, diez años después, precisamente un 4 de septiembre, pero de 1821.

Un siglo más tarde, esta fecha volvería a presentarse en toda su magnitud. Si bien, el movimiento de tropas comenzó una horas antes, lo cierto es que el 4 de septiembre de 1924 se recuerda como el día en que altos oficiales del Ejército hicieron sonar sus sables en los balcones del antiguo Congreso Nacional, en Santiago, en demandas de mejores salarios, justo en el momento en que los honorables debatían la asignación de un dieta parlamentaria; es decir, por primera vez, se presentaba la posibilidad de que los congresales fueran remunerados, por cuanto hasta esa fecha, trabajaban ad honórem.

Lo que ocurrió a continuación, cobró vital importancia para todas las administraciones de gobierno posteriores. En otro día, que trae muchos recuerdos, un 11 de septiembre, pero de 1924, asumió una Junta Militar de Gobierno encabezada por el general Altamirano con apoyo del Ejército, la Marina y amplios sectores de las Fuerzas Armadas, que tomaron el control del país, y ante la renuncia casi forzada del presidente Arturo Alessandri, presionaron al Congreso para que se promulgara un paquete de medidas o proyectos, que se hallaban entrampados sin ser aprobados desde hacía años. En pocos días fueron despachadas las normas jurídicas que originaron gran parte de la legislación social que organizó y reguló la actividad sindical y las relaciones laborales en Chile, por lo menos hasta 1981.

Pasaron otros veinte años, para que el 4 de septiembre volviera a adquirir significación nacional. El 27 de junio de 1946, fallecía, producto de una larga lucha contra el cáncer, el presidente de la República, Juan Antonio Ríos Morales -el hombre de Cañete-, y el Parlamento debió llamar a elecciones anticipadas. La fecha escogida fue el 4 de septiembre y desde 1946 hasta 1970 se conoció como el día en que se realizaban los comicios para escoger al futuro mandatario (a) de la nación.

En 1946 triunfó el candidato Gabriel González Videla; en 1952, Carlos Ibáñez del Campo; en 1958, Jorge Alessandri Rodríguez; en 1964, Eduardo Frei Montalva y en 1970, Salvador Allende Gossens.

¿Qué tuvieron en común y en qué se diferenciaron esas elecciones? En cuatro de ellas los candidatos ganadores no superaron la mitad más uno de los votos, lo que obligó al Congreso Nacional reunido en pleno, a elegir entre las dos primeras mayorías, al nuevo presidente de la República. Así ocurrió en 1946, cuando González Videla superó al médico Eduardo Cruz Coke; en 1952, cuando Ibáñez del Campo obtuvo la ratificación que necesitaba para imponerse a Arturo Matte Larraín; en 1958, Alessandri Rodríguez sobre Allende Gossens y en 1970 el propio Allende sobre Alessandri.

El único candidato que obtuvo mayoría absoluta fue Eduardo Frei en 1964 quien venció con holgura a Salvador Allende y Julio Durán Neumann. Era la época en que no existía la segunda vuelta y en ese sentido, nos parece una mejora sustancial, la incorporación de este mecanismo contenido en la Constitución de 1980.

La tragedia de Allende y la Unidad Popular aún divide a la sociedad chilena. El 4 de septiembre de 1990 el presidente Patricio Aylwin realizó una ceremonia de Estado que implicó hacer un gesto de reconciliación en momentos en que se vivían los primeros meses de la recuperación del sistema democrático, en un país, todavía muy golpeado por las cicatrices del golpe de Estado del 11 de septiembre del 73 y los diecisiete años de gobierno dictatorial. La ceremonia de reconocimiento en la Catedral Metropolitana y los funerales oficiales que hizo el primer gobierno de la Concertación a la memoria de Salvador Allende quien había sido sepultado de manera clandestina en Viña del Mar en la tumba de un familiar, reactualizó la fecha del 4 de septiembre.

Por eso, lo que pasó en el último tiempo, debe ser entendido o apreciado como un corolario de lo anterior. El 25 de octubre de 2020 (otra fecha simbólica que recuerda la victoria de Pedro Aguirre Cerda, 25 de octubre de 1938) casi un 80% de las personas que votaron, se expresaron para cambiar la constitución del 80 y de esta manera, se inició un proceso constituyente, inédito en el país. El 4 de julio de 2021 el entonces presidente Sebastián Piñera inauguró las deliberaciones con el compromiso de que, al término de un año se entregara el borrador de la nueva constitución, lo que se hizo el 4 de julio de 2022 y el ahora presidente Gabriel Boric convocó a la consumación del trabajo llamando al plebiscito del 4 de septiembre, en que el 62% de los sufragantes decidió rechazar la propuesta constitucional.

En definitiva, el 4 de septiembre lejos de pertenecer a determinado bando político, podría ser una gran oportunidad para reencontrarnos entre los chilenos. Lo pide la historia y la identidad patrimonial del país.

Por Víctor Hernández Godoy, columnista.