El caminar por el Monte Fenton nos conecta con una particular biodiversidad que habita en este bosque de Nothofagus, lugar cercano que se observa desde el plano de la ciudad levantando la vista hacia el oeste. Y mientras más se camina por diversos senderos, se va descubriendo que este monte tiene un relato que se muestra, que surge de la fauna, flora, funga y otras especies que nos encontramos, pero también de los relatos que escuchamos (de un glaciar que por allí pasó , de hombres y mujeres que buscaban carbón y oro por decenas de años, y otras actividades humanas). Entonces el sendero que comenzamos caminando, hoy es un relato que acompaña estas andanzas.

Por eso, esta primavera proyectamos nuestro trabajo preguntándonos ¿Qué es lo que se cuenta cuando se camina por el bosque? Cuál es el relato que se comparte con los visitantes que recorren el Monte Fenton. Desde dónde proviene el conocimiento que queremos compartir?

La propuesta que surge desde el refugio es ser un espacio para el Turismo Científico, que acoge al visitante mostrando la biodiversidad del sector, siempre distinta, cambiando a menudo, ofreciendo permanentemente una nueva forma de comprenderla. Y cuando nos enfrentamos a darle contenido al relato interpretativo optamos por fomentar un turismo científico ciudadano, entendiendo a la ciencia ciudadana como “la construcción de preguntas, o hipótesis, generalmente asociadas con desafíos sociales o ambientales, que permite generar conocimiento por fuera de ambientes académicos tradicionales.

Se distingue por la participación de individuos u organizaciones de la sociedad civil en algún momento del proceso científico, y se caracteriza por una metodología rigurosa que puede estar íntegramente desarrollada por personas sin un entrenamiento científico formal.

Por lo tanto, la ciencia ciudadana permite generar nueva evidencia para atender problemas conocidos y, en algunos casos, revelar cuestiones desatendidas y generando, incluso, activismo social”. Entonces lo que se cuenta, es lo que se ha experimentado en primera persona y se une como un cuerpo de conocimientos dando forma a un relato interpretativo que se cuenta desde la experiencia del observador de aves que encuentra un aguilucho en peligro de extinción, de un guarda parque de los años 80 que cuenta por que el cerro tiene un tajo que se ve desde la ciudad, de la liquenóloga que busca especies en un bosque de lengas y coihues bajo la lluvia, del instructor militar que te enseña de senderismo, de activistas entusiastas y curios@s que van a muchos talleres y saben muchas cosas,etc. Es este el contenido del relato interpretativo del lugar.

El Turismo científico ciudadano también tiene la capacidad de promover cambios en los comportamientos de quienes participan, gracias al conocimiento que obtienen o a la mayor conciencia que experimentan cuando son parte de estas acciones. “De este modo, surgen oportunidades de impulsar el desarrollo de personas, grupos o comunidades para resolver problemáticas, impulsar intereses sociales y potenciar la concientización social.” Yasmine Ostendorf-Rodriguez, en su libro “Seamos como los hongos”, invita a ser parte del micelio, “estructura reticular subterránea de hifas que conforma el cuerpo vegetativo de los hongos y que puede conectar a las plantas” como un internet del bosque con mensajes que unen, que avisan, que alertan, y que mantiene la armonía en la biodiversidad circundante. Se trata de una comunicación que sostiene la vida en el planeta. El relato interpretativo de nuestro refugio es la síntesis de un proceso de comunicación que se da mientras caminamos por el bosque.

Por Víctor Aguilar Oyola, profesor de Filosofía/Consultor/ productor Refugio Monte Fenton