Días atrás un alto funcionario político me comentó que estaba elaborando el proyecto de un Centro de Convenciones en Puerto Natales. Un muy esperado y necesario Centro de Convenciones, debo agregar.

Me resultó sorpresivo e inesperado puesto que hace años que nadie de la clase política “sueña” en Ultima Esperanza.

La clase política magallánica en general, y existen excepciones, descansa en laureles sin habérselos ganado. El último representante del sector político que tuvo visiones de progreso fue el ex alcalde de Puerto Natales, Fernando Paredes. Sin embargo, más que un soñador Paredes fue un ejecutor y quien ejecuta, el que lleva a lo real sus proyectos queda en el tiempo. Trasciende.

Ya es público y notorio lo que ocurrió con Paredes en estos últimos 5 o 6 años y su caso finalmente será dirimido en un juicio oral en tribunales de Punta Arenas a fines de julio. Un caso que desde el principio ha adolecido de fundamentos de peso. Queda por observar cómo concluye este complejo periplo que le tocó vivir.

Pero volviendo a los sueños. El sector político tiene la idea que debe anunciar con bombos y platillos cada vez que se proyecta pavimentar una calle o se arregla el árbol de una plaza o una vereda como si fuera tareas excepcionales que merecen prensa.

Los políticos le dedican mucha más atención a su presencia digital en Instagram que a su efectivo trabajo de campo con fines prácticos. Es algo que observamos ya con naturalidad. Nos acostumbramos a ese juego poco inútil.

Dicho esto ¿Quién sueña en Natales? ¿Qué miembro de la clase política sueña en grande para que la gente de su propio pueblo crezca, disfrute y encuentre un camino mejor?

Ya no vale decir: “¡qué lindo sería tener un rodoviario, una costanera nueva, un pueblo todo pavimentado!”. No porque todo eso ya fue hecho y, ya que estamos, fue realizado durante la administración Paredes.

Este espíritu se ha perdido por completo en la localidad. El municipio administra grandes cantidades de dinero (¿$12.000 millones? ¿$15.000? ¿más?), pero sufre de déficit crónico. De imposibilidades, de dificultades y se sitúa en el espacio de los pequeños logros.

Para soñar en grande también se necesita valor. Lo que Natales requiere para crecer se ha vuelto evidente aunque poco y nada se habla de ellos en los sectores políticos.

Justamente un Centro de Convenciones, un Liceo Politécnico que tenga carreras que requiera la industria salmonicultora y sus empresas de servicios (con el solo fundamento de que el sector entrega más de 7000 mil empleos a Magallanes), festivales populares del cordero y el salmón (dos productos típicos nuestros) con la participación de artistas internacionales como hace El Calafate en Santa Cruz, un camino pavimentado que conecte Seno Obstrucción con Natales, una inversión potente en este mismo sector dedicada al turismo, un Relleno Sanitario para que surjan a su lado nuevas inversiones, la lista puede seguir y seguir.

Entonces, estamos alertas a que la lámpara se prenda. Porque resignarse es hipotecar el futuro.