El comportamiento del mercado aerocomercial en lo que va de 2026 enciende las alertas en Magallanes. Tras un ciclo de ajustes a nivel nacional en las tarifas, costos de combustible y demanda turística, el flujo de pasajeros que ingresa a Punta Arenas registra una contracción sostenida en el acumulado de los primeros tres trimestres del año, marcando una brecha negativa en comparación con el desempeño de temporadas anteriores.

La desaceleración de la ruta con la capital no solo refleja el enfriamiento de la demanda interregional, sino que proyecta un escenario complejo para los meses de mayor movilidad que se aproxima.

Balance acumulado 2026: Números en rojo respecto a años anteriores

El seguimiento del tráfico aéreo comercial hacia el Aeropuerto Presidente Carlos Ibáñez del Campo confirma que la conectividad con Punta Arenas perdió el dinamismo exhibido en años previos:

  1. Retroceso acumulado: En lo que va del ejercicio 2026, el volumen de pasajeros transportados en la ruta directa Santiago – Punta Arenas acumula una caída promedio que bordea el 9,6% interanual en los periodos de menor demanda, situando los promedios mensuales en torno a las 38.300 personas, cifra ostensiblemente menor a las más de 42.300 personas por mes contabilizadas en los mismos tramos de años anteriores.
  2. Comparativo histórico: Mientras los balances consolidados de años previos mostraban un flujo sostenido impulsado por viajes corporativos y la reactivación turística post pandemia, el 2026 quiebra la tendencia al alza. El aumento generalizado del costo de la vida y el encarecimiento de los pasajes aéreos han deprimido el volumen de viajes interregionales desde el centro del país hacia la Patagonia.

Proyección para la temporada alta: Un verano bajo presión

De cara al inicio de la temporada alta las proyecciones del mercado aerocomercial vislumbran un escenario de cautela. Las estimaciones prevén que, de no mediar promociones agresivas o una mayor oferta de asientos por parte de las aerolíneas, la ruta principal a Punta Arenas cerrará el año calendario en cifras planas o con retrocesos consolidados, desafiando la competitividad económica de los servicios locales y el comercio de la ciudad durante el verano.

El impacto de este estancamiento va más allá de las meras estadísticas de desembarco en la losa de Punta Arenas, ya que golpea directamente la columna vertebral de la economía magallánica. La menor frecuencia y la reducción en la oferta de asientos no solo encarecen los traslados cotidianos para los residentes que deben viajar al centro del país por razones médicas, estudiantiles o de negocios, sino que también restan competitividad a los servicios locales, la hotelería urbana y el comercio de la capital regional, los cuales dependen fuertemente de la pernoctación de los visitantes antes de comenzar sus recorridos por la región. Al mismo tiempo, hay que considerar los cierres parciales que tendrá el aeródromo de Natales, lo que para muchos turistas será una incomodidad avisada a última hora del año. Eso podría generar cambios en sus planes de viaje, y como ya lo han adelantado representantes del comercio de Última Esperanza, dicha situación se hará notar fuertemente en la temporada estival.

Frente a este escenario, los gremios del sector turístico y las autoridades locales enfrentan el desafío de reconfigurar sus estrategias de promoción de cara al cierre de año.