Hay ejercicios de malabarismo retórico que resultan derechamente deshonestos. La reciente intentona del seremi de Hacienda, Manuel José Correa, por vendernos que Magallanes es una de las regiones “más favorecidas” en el Proyecto de Ley de Presupuestos, califica en esa categoría.
Ante la evidencia incontrastable de un recorte presupuestario que golpea directo al desarrollo de nuestra región, la autoridad prefirió apelar a un libreto cargado de sesgo, diseñado desde el nivel central para instalar un relato edulcorado y ajeno a la realidad.
¿Cuál es la fórmula del seremi para sostener semejante afirmación? Muy simple: refugiarse en la estadística del per cápita. Decir que Magallanes recibirá unos $506 mil por habitante —la segunda cifra más alta del país tras Aysén— suena muy bonito en un titular de prensa. Sin embargo, omite mañosamente que esa cifra es consecuencia matemática de nuestra baja densidad poblacional y no de una bonanza o generosidad especial del fisco.
Lo que Correa no cuenta —o prefiere maquillar— es la drástica tijera que sufrió el presupuesto global de inversión regional. Al analizar los fríos números, Magallanes enfrenta una severa caída en los recursos reales destinados a inversión pública. Presentar $75.617 millones para inversión regional —donde más encima meten en el mismo saco los $9.433 millones del Fondo de Desarrollo de Magallanes (Fondema)— como un "privilegio", es una burla a la inteligencia de los magallánicos.
En una zona extrema, donde construir una escuela, pavimentar una ruta o levantar un centro de salud cuesta hasta tres veces más que en la zona central debido a los fletes, el clima y la conectividad, sostener que "somos favorecidos" porque el divisor poblacional da más alto es un argumento de papel.
Es el típico análisis de escritorio hecho desde Santiago, o de quién no tiene idea de cómo vive la ciudadanía el día a día, y que ignora la encarecida canasta de materiales y las complejidades operativas de la región.
Lo que presenciamos no es transparencia, sino la instalación desesperada de un discurso oficialista para apagar el incendio político que provocó el recorte en la zona.
En lugar de asumir la austeridad, fundamentarla con honestidad y ponerse del lado de las necesidades regionales para defender el presupuesto ante el nivel central, las autoridades prefieren jugar a la pirotecnia de los promedios.
Magallanes no necesita discursos construidos para salir del paso ni cifras adornadas. Necesita recursos reales para inversión, obras que no se detengan y un trato verdaderamente equitativo como zona extrema.
Todo lo demás es pirotecnia estadística y un intento de esconder, bajo la alfombra de los gráficos, un ajuste fiscal que vuelve a pagarse en el extremo sur del país.
Por Mauricio Vidal Guerra, periodista, director Zonazero.
