En su primera intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, el Presidente de la República estructuró un discurso centrado en la reafirmación del orden interno, la atracción de inversiones internacionales y la crítica explícita a la burocracia multilateral. Bajo la premisa de que "Chile está de vuelta" en el escenario global, el jefe de Estado buscó proyectar una imagen de estabilidad institucional y firmeza en la persecución del delito transnacional.

El eje central de la intervención estuvo marcado por la agenda de seguridad y el control fronterizo. El Mandatario expuso las medidas adoptadas por su administración para frenar la delincuencia organizada y la inmigración irregular, argumentando que la soberanía de los Estados y la protección de las fronteras constituyen la base indispensable para garantizar el desarrollo económico y la paz social.

En materia económica, el discurso incluyó un llamado directo a la comunidad internacional y a los mercados extranjeros a invertir en el país. El gobernante destacó los pilares macroeconómicos de Chile y aseguró que las reformas implementadas por su Gobierno buscan destrabar proyectos de inversión, brindar certeza jurídica y reactivar el crecimiento productivo tras años de desaceleración.

Asimismo, el Presidente dedicó un tramo de su alocución a cuestionar el rol y la efectividad actual de las Naciones Unidas. Cuestionó la lentitud del organismo frente a las crisis globales y planteó la necesidad urgente de reformar la estructura del Consejo de Seguridad para adaptarlo a las dinámicas del siglo XXI, enfatizando que las instituciones multilaterales deben servir a los intereses de las naciones y no imponer agendas ideológicas.