La posición geopolítica de Magallanes —el paso obligado entre dos océanos y puerta de entrada al territorio antártico— convirtió a la región austral en un escenario impensado para la diplomacia, el espionaje y la impunidad vinculados al Tercer Reich durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Documentos judiciales, archivos de inteligencia y crónicas de la época dan cuenta de un vínculo material e histórico entre la Patagonia y las redes del nazismo.
El hito más documentado y grave de esta presencia en Magallanes lo encarna Walter Rauff, SS-Standartenführer e ideólogo de los Gaswagen (camiones blindados adaptados con tuberías de escape para asfixiar masivamente a víctimas durante el Holocausto, provocando la muerte de más de 250.000 personas).
Tras huir de Europa mediante las rutas de escape internacionales (ratlines), Rauff se radicó en Chile en la década de 1950. En Magallanes encontró un entorno ideal para rehacer su vida sin ocultar del todo su identidad. Operó como administrador de la Pesquera Pirata y de la Pesquera Camelio tanto en Punta Arenas como en Porvenir, vinculándose además a la gestión de estancias ganaderas en Tierra del Fuego. Integrantes de la sociedad local de la época lo recuerdan como un ejecutivo austero y reservado.
Pero en diciembre de 1962, tras una orden de captura internacional emanada desde Alemania Occidental, Rauff fue arrestado por la Policía de Investigaciones en Punta Arenas. El caso convulsionó a la prensa austral. Sin embargo, en 1963 la Corte Suprema de Chile rechazó la extradición al dictaminar que los crímenes cometidos en Europa habían prescrito según los plazos del Código Penal chileno. Rauff retornó a la libertad y permaneció en el país hasta su muerte en 1984.
Espionaje en la Patagonia: El Departamento 50 y la pugna en el lecho marino
Durante el desarrollo del conflicto mundial (1939-1945), el Estrecho de Magallanes fue un punto neurálgico de observación. La interrupción del tráfico por el Canal de Panamá o el ataque a buques aliados hacía del paso magallánico una ruta crítica.
La sección de contrainteligencia de la PDI, el denominado Departamento 50, desarticuló varias redes de radiotelegrafía clandestina operadas por agentes germanos en Chile. En Punta Arenas se detectaron antenas y transmisores clandestinos dedicados a monitorear el movimiento de cargueros, buques militares aliados y el abastecimiento de carbón y petróleo en la zona austral, información que luego era enviada a submarinos y embajadas del Eje.
Simpatías políticas y propaganda local
Paralelamente, durante la década de 1930, el Movimiento Nacional-Socialista de Chile (MNS), liderado a nivel nacional por Jorge González von Marées, logró estructurar núcleos de simpatizantes en Magallanes. Si bien la comunidad alemana en la región era menor comparada con las provincias de Valdivia o Llanquihue, existieron publicaciones locales, material impreso de propaganda y reuniones donde se difundía la ideología nacionalsocialista bajo la fachada de agrupaciones culturales y de fomento del folclore germano.
Con la apertura gradual de los archivos secretos de la CIA, el FBI y los antecedentes del Departamento 50 en años recientes, ha quedado al descubierto el verdadero alcance de la supervisión extranjera sobre el extremo sur. Documentos norteamericanos revelan que diplomáticos y cónsules acreditados en la zona eran objeto de permanente seguimiento por parte de agentes aliados, ante la sospecha fundada de que los enclaves pesqueros e industriales funcionaban como fachada para el reaprovisionamiento de combustible y víveres de embarcaciones alemanas que cruzaban el Atlántico Sur.
El peso de la memoria en la Patagonia
Hoy, el paso de estas figuras y la existencia de redes nazis en Magallanes constituyen un capítulo incómodo pero ineludible de la historiografía regional. La presencia impune de criminales de guerra en la cotidianeidad magallánica —donde Rauff caminaba libremente por las calles de Punta Arenas o gestionaba faenas en la isla de Tierra del Fuego— evidencia cómo la geografía remota sirvió de refugio para los responsables de las mayores atrocidades del siglo XX.
El registro histórico demuestra que Magallanes no estuvo al margen de los grandes conflictos globales del siglo XX, sirviendo de refugio, centro de monitoreo marítimo y escenario de decisiones judiciales que marcaron la memoria de la región.
Por medio de distintas investigaciones periodísticas que se han realizado tanto en Chile como en el extranjero, sabemos que Walter Rauff ingresó a la Marina de Guerra de Alemania en 1924. Un poco antes que se iniciara la Segunda Guerra Mundial entró a formar parte de un escuadrón de inteligencia de las SS. En el transcurso de la contienda bélica sirvió en diversos lugares de Europa y de África. En 1945 fue tomado prisionero por los Aliados y confinado a un campo de concentración en Rímini, en Italia.
La mayoría de los documentos que se conocen hasta el momento, coinciden en señalar, que Rauff recibió importante ayuda desde la Iglesia Católica y de organizaciones como la Cruz Roja y Caritas, cuyos contactos le permitieron escapar hacia Sudamérica en 1949. En la Argentina estuvo hasta 1954. Después permaneció en Quito, Ecuador, hasta que, en octubre de 1958 se produce su arribo a Punta Arenas.

-Famosa foto del 8 de agosto de 1974 donde se observa al general Leigh rodeado de administrativos y trabajadores en una industria conservera. En el extremo izquierdo, de anteojos se ve a Walter Rauff.
En el libro de Pedro Cid, “Nazis y Nacis de Magallanes” se hace referencia a varios autores que se han preocupado de analizar esta etapa de la vida de Rauff, en el período en que se llevaba a efecto la extradición de Adolf Eichmann desde Buenos Aires a Israel para ser enjuiciado por genocidio. Al respecto, la historiadora María Soledad de la Cerda describe en su libro “Chile y los hombres del Tercer Reich” (2001) cómo era la apacible rutina de Rauff en nuestra ciudad:
“En Punta Arenas Rauff era una figura conocida. Un elegante caballero extranjero que frecuentaba el Club de la Unión Austral y era miembro honorario del centro de ex cadetes y oficiales de la Armada ‘Caleuche´. Ostentaba habitualmente en su solapa la insignia de ese organismo”.
Precisamente en los instantes en que disfrutaba de su posición social y del trabajo que desempeñaba como gerente de importaciones, se produjo su detención en el domicilio que ocupaba en los altos del ex cine Gran Palace, el 4 de diciembre de 1962. En una orden emitida en Alemania, se le acusaba de la muerte de miles de personas.

-La Prensa Austral y El Magallanes se refieren a la detención de Rauff en diciembre de 1962.
Durante varios días, el diario La Prensa Austral y el vespertino El Magallanes dedicaron titulares y notas a la captura de Rauff que revelaban la gravedad de los hechos que se le imputaban, ante una comunidad que parecía no comprender lo que sucedía. Por ejemplo, en primera plana de El Magallanes, del 6 de diciembre se leía: “Walter Rauff habría inventado las cámaras de gases móviles”, con una bajada que decía: “Judas en Alemania: Por supuesto todavía no sabemos si el hombre arrestado en Chile es el que buscamos”, mientras La Prensa Austral titulaba el día 7: “Walter Rauff es acusado de haber dado muerte a 90 mil judíos durante la última guerra mundial”.
Al parecer, Rauff, -quien nunca ocultó su pasado nazi-, trabajaba también para el servicio de inteligencia de la entonces Alemania Federal (BND), recopilando antecedentes sobre la realidad de los países latinoamericanos, fundamentalmente de Cuba y de su líder, Fidel Castro. De acuerdo a la investigación efectuada por el profesor Cid, fue este organismo el que advirtió a Rauff de su inminente captura en Chile, aunque la legislación existente indicaba que los delitos por los cuales se le acusaba, genocidio y homicidio calificado, el primero no estaba tipificado en el código penal y el segundo prescribía luego de quince años, argumento que bastaba para dejarlo en libertad, como ocurrió en el verano de 1963, cuando la Corte Suprema procedió a rechazar el pedido de extradición.
A continuación, Rauff se trasladó a Porvenir donde vivió cerca de diez años. Aquí se hizo cargo de la planta pesquera “Pirata”, especializada en centolla y productos del mar, donde llegaron a trabajar cien personas, 40 hombres y 60 mujeres. La gente que lo conoció solía describirlo como un buen vecino, de regular estatura, ojos azules, que vestía siempre de verde, acompañado de su inseparable perro pastor alemán y de una botella de whisky. En esta ciudad, Rauff concedió una entrevista exclusiva al periodista Jorge Babarovic la cual fue publicada el 12 de noviembre de 1964 por la revista Ercilla y que tuvo impacto mundial.

Más tarde, en pleno gobierno de la Unidad Popular se produjo el requerimiento formal del llamado cazador de nazis, el israelita Simon Wiesenthal al presidente Salvador Allende para expulsar del país al ex militar alemán. El primer mandatario se negó a otorgar la extradición, esgrimiendo el principio constitucional de la separación de los poderes del Estado; es decir, el poder ejecutivo no podía inmiscuirse en decisiones del poder judicial, de modo que Rauff siguió viviendo tranquilamente en Magallanes.
No iba a transcurrir mucho tiempo para que se tuvieran nuevas noticias del ex integrante de las SS. El 8 de agosto de 1974 el diario La Prensa Austral publicaba un extenso reportaje a propósito de la visita del integrante de la Junta Militar de Gobierno, el general del aire Gustavo Leigh Guzmán a Punta Arenas para inspeccionar la producción industrial de algunas empresas regionales. El texto iba acompañado de una fotografía en donde se ve al aviador junto a personal de una planta conservera ubicada en el sector de Tres Puentes. En el extremo izquierdo se divisa la imagen del inefable Walter Rauff.
Mitos, creencias y rumores de nazis en la región
Una contribución del libro “Nazis y Nacis de Magallanes” de Pedro Cid, es la constante desmitificación de ciertos acontecimientos que habitualmente, damos por hechos.
Aquello lo observamos por ejemplo, cuando nos referimos a antiguos jerarcas nazis. Sabemos que concluida la Segunda Guerra Mundial muchos de ellos consiguieron escapar, desde las cárceles instituidas por los Aliados en Europa, hasta Sudamérica. Varios países de la región acogieron prontamente a los ex militares alemanes que evadieron así, los procesos en los cuales iban a ser sometidos a juicio por el delito de genocidio contra la humanidad.
A menudo se mezclaron casos reales con meros rumores. Uno de los mitos más famosos se construyó con la versión que indicaba, que el mismísimo Adolf Hitler había vivido en Punta Arenas. Al parecer, la historia comenzó cuando en 1947 el periodista húngaro, radicado en Argentina, Ladislao Szabo publicó el libro “Hitler vive” en que se atreve a aventurar que la expedición a la Antártica realizada por el almirante Richard Byrd de la Armada de los Estados Unidos en el verano de 1946-47 fue para comprobar la supuesta existencia del Führer en el continente blanco. La llegada al río de la Plata de varios submarinos germanos -los famosos, U Boot-, con sus tripulaciones escapando de Alemania antes que se produjera la caída de Berlín con la derrota del Tercer Reich, sirvieron a Szabo para que elaborara su curiosa teoría, especialmente luego de la experiencia del U-530 que al mando de Otto Wermuth arribó y se rindió en Buenos Aires, al carecer de víveres y de combustible, con una tripulación de 54 hombres, el 10 de julio de 1945.

De inmediato, importantes medios escritos argentinos hicieron circular el rumor que Hitler podría estar viviendo en la Patagonia, conjetura respaldada además, por los periodistas Julio Ibáñez Paredes y Santiago Pérez Fanjul, en la revista quincenal “Noticias Gráficas de Magallanes” en su edición del 27 de julio de 1945. Esta suposición fue recogida posteriormente, por el diario “La Prensa Austral”, el cual, haciendo eco de una publicación realizada por el periódico alemán Heim und Welt en mayo de 1953, que aseguraba de que el Führer vivió cómodamente en pleno centro de Punta Arenas, realizó un reportaje que circuló el 4 de septiembre del mismo año con el titular “La casa de Hitler en Punta Arenas” que incluía una fotografía donde se mostraba la construcción en donde pernoctaba el líder alemán en calle Bories, en pleno centro de la ciudad, conocida como el restaurant Copacabana, propiedad de Andrés Franulic.

Casa donde supuestamente vivió Adolf Hitler en Punta Arenas, el antiguo café Copacabana, después librería Nueva América.
Mientras se especulaba con la posibilidad que Hitler hubiera vivido en Magallanes, la presencia del nazi Walter Rauff en Punta Arenas no era un misterio para nadie; incluso, cuando la Corte Suprema lo absolvió de los cargos que le imputaban y retornó a la provincia, la gente solía tratarlo con gran consideración. Como sabemos, Rauff vivió los siguientes diez años en Porvenir donde administró una planta pesquera. De su vida en esta ciudad, hay argumentos de sobra para escribir una novela. En el libro de Cid, se relata en uno de los anexos, acerca del encuentro en el Club Yugoslavo (hoy Croata) de esa localidad, entre el entonces regidor de la comuna de Punta Arenas, el profesor y militante comunista Luis Godoy Gómez, el senador por la novena circunscripción, miembro del partido Socialista Aniceto Rodríguez Arenas, el alcalde de Porvenir, el también socialista Leopoldo Fernández y Walter Rauff.

Rauff , junto a su perro, mirando su casa en Porvenir.
Mientras charlaban Fernández, Godoy y Rodríguez, al llamado del alcalde: ¡Don Walter! ¡Don Walter! se les acerca un hombre bien trajeado, de regular estatura, algo gordo y medio calvo. Recordaba Godoy: “Nos dimos un apretón de manos, intercambiamos unas palabras y luego se nos alejó para servirse algo en una de las mesas cercanas”. –Me suena este Walter, -le dije a Leopoldo. Y él me contestó: -Cómo no le va a sonar. Si este es Walter Rauff, el nazi fugitivo que aún andan buscando en otros países-. -¿Cómo?- dijo Aniceto Rodríguez, que era un hombre bastante corpulento, adelantándose y tomando de la ropa a Leopoldo Fernández, indignado por haber saludado y compartido con un nazi, criminal de guerra, sin que él lo supiera. “Aquí mismo se iban a trompear al alcalde” pensé, pero al final, Aniceto se tranquilizó. Así es como conocí a “Don Walter”, que era como le trataban, con todo respeto, en Porvenir.
Walter Rauff retornó a Punta Arenas a fines de 1972. Después del golpe de Estado, surgieron varias historias que comprometían a su persona como agente y asesor de los aparatos represivos de la dictadura de facto. Una de las acusaciones más frecuentes indica que Rauff colaboró activamente en el diseño del campo de concentración de isla Dawson. Al respecto, se han escrito libros que recogen testimonios que aseguran haber visto a Rauff con los militares, entre estos, “América nazi. El último refugio de los hombres de Hitler” de Jorge Camarassa y Carlos Basso (2014); “Chile y los hombres de Tercer Reich” de María Soledad de la Cerda (2001).

Em la foto, el pescador Crescencio Ruiz, quien trabajó en la pesquera "Pirata" leyendo el titular de La Prensa Austral que informaba de la muerte de Walter Rauff.
En contraposición, algunos destacados dirigentes políticos de la Unidad Popular que estuvieron recluidos en Dawson, niegan la participación de Rauff en su construcción. El ex diputado y alcalde socialista, Carlos González Yaksic en su libro inédito de memorias “Isla Dawson, la isla de la muerte”, asegura que el creador intelectual del penal fue el general Manuel Torres de la Cruz; en tanto, el arquitecto Miguel Lawner Steiman en su obra, “Retorno a Dawson” (2003) señala: “Este asesino nazi, refugiado en Punta Arenas, donde ejercía la gerencia de una empresa conservera, puede efectivamente haber colaborado con sus émulos chilenos, pero carecemos de evidencias para afirmarlo con certidumbre”. El periodista Jorge Bararovic, incluso va más lejos al indicar que el constructor del presidio fue Juan Pedro Martínez y su empresa contratista Jupemar.

Inmueble donde vivió Walter Rauff en Porvenir, entre 1963 a 1972.
Lo que sí está claro es que Rauff se radicó en Santiago en 1977. A comienzos de la década del 80, Estados Unidos y Gran Bretaña presionaron al gobierno del general Augusto Pinochet para conseguir su extradición. En esta situación, Rauff murió en extrañas circunstancias, a causa de la inhalación de monóxido de carbono en su departamento en la capital, el 14 de mayo de 1984.
Por Víctor Hernández Godoy y Mauricio Vidal Guerra.
