La provincia de Última Esperanza se encuentra en un punto de inflexión económico y territorial. Tras el debut del AquaForum en Puerto Natales (instancia que congregó a la academia, el sector privado y el aparato estatal) quedó sobre la mesa una proyección ambiciosa pero realista: la capital de Última Esperanza está llamada a transformarse en el corazón neurálgico y operativo de la acuicultura del futuro en la Región de Magallanes.
Así también lo ha ratificado el delegado presidencial provincial, Liber Lazo Navarro, quien en diversas conversaciones con medios locales ha planteado que se trabaja en que el territorio experimente un fuerte desarrollo industrial, condicionado a un buen ordenamiento del maritorio y a la entrega de certezas regulatorias.
Para entender el peso específico de la salmonicultura en la economía natalina, hay que mirar los datos recientes. Durante la crisis sanitaria del Covid-19, cuando el turismo (el motor histórico de la comuna) se apagó por completo debido al cierre de fronteras y las restricciones de movilidad, la acuicultura y la pesca artesanal sostuvieron el empleo local.
El análisis que hacen los protagonistas del sector apunta a que si no hubiese habido acuicultura en la provincia de Última Esperanza, por ejemplo, Natales no hubiera tenido muchas opciones de sostenerse economicamente.
Ese hito demostró que la diversificación matriz no es un lujo, sino un blindaje básico para una zona extrema. La salmonicultura no solo dinamizó el comercio secundario en los meses más complejos, sino que validó su posición como una actividad estructural para la estabilidad laboral de las familias natalinas.
Datos duros vs. Sensaciones
Uno de los flancos más complejos para consolidar a Puerto Natales como el eje del sector es la convivencia con las normativas ambientales, las áreas protegidas y las solicitudes de Espacios Costeros Marítimos de Pueblos Originarios (ECMPO).
Para destrabar este escenario y avanzar hacia una industrialización responsable, ya se trabaja en una mesa de coordinación que sienta a empresas salmoneras, servicios públicos y autoridades sectoriales. Y el diagnóstico apunta a dos desafíos críticos que definirán las probabilidades de éxito de este polo austral.
Primero, cabe señalar que existe un debate cruzado respecto al impacto ambiental de las concesiones. No obstante, desde el Ejecutivo local se advierte una alarmante falta de sustento técnico en las discusiones, y es necesario desarrollar las líneas base y empujar para que la ciencia regional financie y ejecute estudios con datos duros.
Y segundo, se hace urgente ordenar el uso del borde costero. El éxito de Natales como eje depende directamente de destrabar los procesos de relocalización de concesiones que llevan años entrampados en la burocracia central, permitiendo que las salmoneras operen en zonas con mejores condiciones de corrientes y menor sensibilidad ecosistémica.
Infraestructura y Conectividad: Las tareas pendientes
Las condiciones naturales de Última Esperanza están disponibles, pero la consolidación de Puerto Natales como base central de operaciones requiere que la inversión pública y privada camine a la par del crecimiento industrial. Si la comuna pretende procesar, abastecer y exportar desde su propio territorio, el crecimiento debe ir acompañado de obras civiles estratégicas:
- Actualización del Plan Regulador: La planificación urbana de Puerto Natales debe absorber las nuevas zonas industriales y de servicios sin colisionar con los barrios residenciales ni el entorno turístico.
- Ampliación Aeroportuaria y Vial: Optimizar el terminal aéreo para permitir flujos logísticos mayores y mejorar la conectividad de rutas hacia los centros de acopio y puertos de embarque.
- Identidad Local y Consumo: Existe un desafío reputacional evidente. La ciudadanía natalina percibe la industria como un vecino gigante que exporta casi la totalidad de su producción. Fortalecer el acceso local al producto y mejorar los encadenamientos productivos con las pymes de la comuna es vital para lograr la licencia social que el sector necesita.
Así las cosas, la experiencia internacional en países nórdicos demuestra que el turismo de alta gama, la protección del medio ambiente y la salmonicultura a gran escala no son excluyentes; coexisten bajo normativas estrictas y fiscalización tecnológica eficiente.
Puerto Natales tiene las cartas para ganar esta partida y dejar de depender de los vaivenes de una sola industria. Para que Última Esperanza se transforme en el punto central de lo que viene para la acuicultura en la región, el Estado debe acelerar el tranco en la entrega de certezas jurídicas y el ordenamiento territorial.