Nuestro zarpe comienza temprano desde Puerto Natales, la jornada comenzó con nieve, y viento del Este, condiciones que en la Patagonia son algo comunes en época de invierno. Desde Puerto Natales nos internamos en los canales, enfrentando temprano el Canal Kirke, que cruzamos en la estoa, junto a otras naves que aguardaban ese horario para disminuir el riesgo de las fuertes corrientes. En ese paso estrecho, la coordinación es vital: cada embarcación avanza con cautela, como si el mar nos recordara que aquí no hay margen para la improvisación.
En medio de la maniobra, nos cruzamos de vuelta encontrada con el Ferry Crux Australis, que realiza el recorrido entre Puerto Natales, Puerto Edén y Caleta Tortel. Más adelante, en el Seno Unión, fue el Ferry Esperanza quien apareció en la ruta, encargado de llevar el abastecimiento desde Puerto Montt hacia Natales y viceversa. Estos encuentros son parte del pulso cotidiano de la región: barcos que conectan comunidades aisladas y sostienen la vida en el extremo austral.
Después del Seno Unión, nos internamos en el Paso Shoal, donde permanece varado el histórico Santa Leonor, recordatorio silencioso de los riesgos que estas aguas imponen. Al caer la tarde, pernoctamos en las cercanías del Faro Fairway, guardián del Estrecho de Magallanes, esperando la hora precisa para continuar.
A las cinco de la mañana zarpamos nuevamente, cruzando con más calma el Paso Tamar, todavía en penumbra. En la oscuridad, la luz intermitente de los faros se convierte en guía y compañía, recordándonos que la navegación nocturna es también un acto de confianza en esas señales que marcan el rumbo seguro. Tras varias horas de navegación, enfrentamos el Paso Tortuoso, lugar obligado para entregar información de la travesía a la alcaldía de mar del sector. La ruta siguió hacia la Isla Carlos III, y luego el imponente Paso Froward, donde la Cruz de los Mares se alza como símbolo de fé y memoria.
El Faro San Isidro nos anunció que la llegada estaba cerca. Finalmente, después de 22 horas de navegación y contemplando la majestuosidad de los cerros nevados y los glaciares colgantes de la Isla Riesco, recalamos junto al Fuerte Bulnes, sitio histórico que recuerda los primeros intentos de poblar estas tierras australes. Desde allí, continuamos rumbo hasta Punta Arenas, cerrando una travesía marcada por la exigencia técnica y la emoción humana.
Navegar por los fiordos y el Estrecho de Magallanes es siempre un desafío. Aquí, la mar no se domina, se respeta. Cada cruce con otras embarcaciones exige máxima atención para evitar colisiones, cada faro es un aliado silencioso en la noche, y cada paisaje es un recordatorio de la belleza indómita del fin del mundo.